lunes, 13 de mayo de 2013

Envejecimiento cerebral


Cuál es el origen evolutivo del envejecimiento humano? ¿Es verdad que comienza a los 30 años? ¿Depende nuestro envejecimiento de un programa ya inscrito en nuestros genes o se trata de un proceso no programado cuya dirección depende de la voluntad del individuo? Estas son algunas de las cuestiones a las que francisco mora intenta contestar en el sueño de la inmortalidad , una obra divulgativa que nos introduce en la relación cerebro-envejecimiento a partir de las últimas aportaciones de la neurociencia y de las ciencias biológicas en general, que han echado abajo muchos de los dogmas preestablecidos sobre el envejecimiento y que podrían hacer cambiar no sólo el estilo de vida de mucha gente, sino el marco social de referencia en el que el individuo viejo se mueve.
El envejecimiento es un término que se refiere a
los cambios morfológicos, fisiológicos y metabólicos
que ocurren en los tejidos vivos con el paso del
tiempo, que no resultan de enfermedad o de
agentes extrínsecos, y que inevitablemente acercan
al individuo a su muerte. Envejecimiento se
puede también definir como el cambio irreversible,
dependiente del tiempo, que oscila entre el
ambiente y una causa intrínseca de enfermedad. El
envejecimiento cerebral se puede definir como la
pérdida de la capacidad de adaptación a cualquier
cambio, aguda o crónica, necesaria para una vida
de relación normal4. Cuando se quiere entender la
senectud se requiere tener la capacidad de conocer
a fondo lo fundamental del fenómeno en vez del
conocimiento amplio de sus características descriptivas.
Ya en el Corpus hippocraticum se señala que
el envejecimiento es un conjunto de enfermedades
bien conocidas y no una entidad biológica independiente.
El concepto de polipatía no es nada
nuevo, ya Aristóteles se refirió a la senectud como
una combinación de enfermedades y así lo expresa
Terencio “Senecta ipsa est Morbus“20.
Un relevante estudio de la patología de la vejez
en los años 50’s demostró que en autopsias de individuos
entre los 65 a 69 años hubo 517 lesiones,
en los de 70 a 74 años 639, en los de 75 a 79 años
750, en los 80 a 84 años 8422. Estas cifras nos llevan
a considerar que la vejez no es más que la expresión
de discretas entidades nosológicas y, de ser
así, la cura o la prevención de alguna de ellas traerá
como consecuencia modificaciones a la edad
biológica del individuo, o lo que es lo mismo, un
individuo libre del peligro de carcinoma prostático,
diabetes u oclusión coronaria puede decir que
es más joven que uno en riesgo, aún cuando ambos
hayan nacido el mismo día. Por supuesto este
concepto de polipatía para la vejez no es aceptado
por toda la comunidad médica que en cambio se
inclina por el proceso irreversible dependiente del
tiempo, que predispone a, pero que no es idéntico
con enfermedad. Los homínidos poseemos un máximo
de vida genéticamente condicionado, igual
para todos los niveles sociales y que permanece
inalterable desde tiempos históricos. Lo que se ha
logrado con el progreso en las condiciones de salud
es que mientras más se controlan las enfermedades
más vejez aparece como una bien diferenciada
entidad biológica. De tal modo que la Medicina
viene a quedarse, utópicamente hablando,
“....los ancianos poseen barbas grises... sus caras arrugadas,
de sus ojos escurren ámbar espeso y goma del ciruelo,...
carecen de ingenio y sus piernas son débiles...
“Shakespeare, Hamlet, 2.2
“ No deben preocuparnos las arrugas del rostro sino las
del cerebro. Estas no las refleja el espejo, pero las perciben
nuestros amigos, discípulos y lectores...
“ Santiago Ramón-Cajal, El Mundo Visto a los Ochenta Años.
con el problema de la senectud; las enfermedades
crónicas que emergen en la vida adulta y más adelante
no se hallan patogenéticamente relacionadas
sino son meramente complicaciones del trastorno
ubicuo llamado “ envejecimiento “.
Desde mediados del siglo XX , con el aumento
de la natalidad y la disminución de la mortalidad
asociados al progreso médico en la prevención y
cura de enfermedades infecciosas , ha habido un
notable aumento de la cifra de individuos que alcanzan
a vivir por encima de los límites establecidos
para la especie humana - alrededor de los 70
años. Se calcula2 que la población senil mundial
tiende a crecer en 2.4%/año sobre la cifra de 290
millones de individuos mayores de 65 años en 1987
que alcanzarían 410 millones en el 2000. Asimismo,
la cifra de los “viejos más viejos“ (mayores de 80
años) crece todavía más rápidamente. Estos hechos
han conducido al aumento en la prevalencia de enfermedades
asociadas a la vejez, a la senectud. Se
debe señalar, sin embargo, que se ha avanzado importantemente
en el tratamiento de algunas de
ellas, como el cáncer, cardiopatías y enfermedades
vasculares, inclusive las cerebrales. En cambio, para
otras enfermedades de la senilidad que afectan
al cerebro, especialmente las demencias, el tratamiento
y prevención aún carecen de avances significativos,
aunque sí se conocen el substrato estructural
y las bases fisiopatológicas, metabólicas y moleculares.
En la sociedad actual, higiénicamente
avanzada, más de las tres cuartas partes de las condiciones
de enfermedad que requieren atención
médica están relacionadas a la vejez. Nuestros estudiantes,
con excepción de los pediatras y los obstetras,
terminarán siendo doctores para viejos. Si
se analiza el destino de los recursos destinados para
el cuidado de la salud, cuatro quintas partes se
gastan en las enfermedades de la vejez2.
Los cambios que más frecuentemente ocurren
en el envejecimiento cerebral normal incluyen:
disminución del peso y volumen cerebrales, atrofia
cortical, pérdida de neuronas corticales y de algunos
núcleos subcorticales, aumento de gránulos
de lipofuscina en neuronas y glía, cambios hipertróficos
en la glía astrocitaria. La secuencia de los
cambios involutivos en la morfología de los hemisferios
cerebrales sigue paralelamente la secuencia
filogenética y ontogenética del cerebro. Las estructuras
más antiguas- rinencefálicas y la formación
hipocámpica - son las primeras en mostrar signos
de atrofia. El aumento gradual del diámetro transverso
del tercer ventrículo que se observa a partir
de la quinta década va asociado a la “atrofia“ progresiva
de los núcleos diencefálicos talámicos e hipotalámicos8,9,10,13,16.
La mayoría de los estudios
sobre el peso cerebral (PC) muestran acuerdo en
que el PC promedio es de 1350 g. para el hombre
y de 1250 g para la mujer. El PC tiende a disminuir
después de los 60 años en ambos sexos en aproximadamente
100 g8. La disminución del PC asociada
al “ envejecimiento normal “ se ha atribuído a la
aterosclerosis de los vasos del polígono de Willis, a
la pérdida de lípidos y proteínas, a decremento del
flujo sanguíneo cerebral con aumento de la resistencia
vascular cerebral, o el conjunto de lo antes
mencionado sin precisar cuál es el elemento primario
y cuales los secundarios8,13,26.
La tecnología moderna de neuroimagen ha permitido
ver objetivamente esos cambios macroscópicos,
sobre todo lo que concierne al volumen cerebral
y el proceso de envejecimiento cerebral normal.
Hasta ahora se ha descrito disminución del volumen
en prácticamente todas las estructuras cerebrales,
con el aumento consiguiente en el tamaño
de los ventrículos y del líquido cefalorraquídeo
(LCR). Las técnicas cuantitativas de IRM para medir
volúmenes regionales corticales en ancianos con
funciones cognoscitivas conservadas no han sido
objeto de un estudio sistemático. Existe un estudio
reciente24, llevado a cabo en 46 individuos, mentalmente
sanos y sin enfermedades que pudiesen
afectar las funciones cerebrales, todos mayores de
65 años: 11 ancianos “ jóvenes “ (65-74 años); 15
medianamente viejos (75-84 años) y 20 muy viejos
(80-95 años ). Todos fueron estudiados psicológica
y neurológicamente una vez al año. Se les hizo IRM
al inicio del estudio y luego una vez al año para los
muy viejos y dos veces al año a los otros dos grupos.
Las mediciones incluyeron el volumen intracraneal
total supratentorial (VIS) y el volumen cerebral
total supratentorial (VCS). De acuerdo con
la predicción del estudio, se encontró que tanto el
VIS y el VCS disminuían con la mayor edad. Curiosamente
los cambios no fueron de la magnitud reportada
anteriormente por otros autores, lo cual
puede explicarse por lo estricto del análisis con que
se llevó a cabo este estudio.
En otro estudio Passe et al25 se refieren a los
efectos de la edad y el género sobre la morfología
cerebral visualizados por medio de la IMR, en 43
sujetos (30 mujeres, 13 hombres) entre los 24 y los
42 años de edad. El estudio confirmó reducción del
volumen de la substancia gris subcortical con la
edad y no reducción del volumen de la substancia
blanca. Los hombres tuvieron mayor volumen de
substancia blanca que las mujeres.
Asimismo , los estudios microcópicos muestran
discrepancias ya que se tiende a enfatizar la pérdida
de neuronas en las áreas asociativas neocorticales
y en la arquicorteza. En esta última, efectivamente,
se ha confirmado la pérdida neuronal, pero
de igual magnitud en los individuos cognosciti-
198 Revista Mexicana de Neurociencia 2001; 2(4)
vamente sanos como en los que muestran cuadro
demencial. En cambio la pérdida neuronal neocortical
continúa siendo un tema de discusión por la
incongruencia de los hallazgos, ya que mientras en
unos se afirma disminución grave en otros la consideran
poco relevante. Vale mencionar que ya en
1933, Gellerstedt15 estudió microscópicamente 500
cerebros de seniles normales cuyas edades oscilaron
entre 65 y 97años, y los comparó con cerebros
de enfermedad de Alzheimer y de seniles con trastornos
psiquiátricos; la presencia de placas seniles,
degeneración neurofibrilar y disminución de la
densidad neuronal no mostraron diferencias significativas
entre los tres grupos estudiados. Sin embargo,
ese autor señaló que en los cerebros de seniles
con demencia había mayor cantidad de cambios
patológicos en las estructuras diencefálicas.
Los hallazgos de Gellerstedt15 han sido confirmados
por Corsellis6, Malamud21, y Yakolev33. Ya en
1968 Seitelberger28 había señalado que en el estudio
de la patología cerebral en la senectud se deben
considerar en conjunto las alteraciones neuronales,
gliales y vasculares en el SNC. Ese autor describió
fenómenos de atrofia, distrofia y necrobiosis.
En las neuronas los cambios significativos incluyeron
atrofia, distrofia argirofílica (placas seniles,
bucles neurofibrilares de Alzheimer) distrofia neuroaxonal
(esferoides axónicos en el gris cortical) y
distrofia lipopigmentaria, esta última desarrollada
también en la glía astrocitaria. Otros cambios gliales
fueron hipertrofia y proliferación glial con formación
de abundantes cuerpos amiláceos. En el
parénquima cerebral la patología vascular asociada
a la senectud incluyó la calcificación de los capilares
en los núcleos subcorticales sobre todo en el
cuerpo estriado y el globo pálido, hipocampo y
corteza entorrinal y, en casos más avanzados, el
depósito de amiloide.
En un estudio previo sobre la citoarquitectura
cortical11,12 en individuos de más de sesenta años
ya jubilados de su trabajo principal, con funciones
cognoscitivas aparentemente intactas y sin problemas
neurológicos antes de que fallecieran, se pudo
demostrar que la organización columnar de la
neocorteza había sufrido cambios significativos para
explicar la leve disminución de la memoria que
caracteriza el comienzo de la senectud. Específicamente,
se encontró que el sistema interneuronal
se había reducido en número significativo y que las
restantes y todavía funcionales interneuronas mostraban
proliferación dendrítica y axónica como
manifestación de plasticidad compensatoria para
resarcir la función cortical afectada. Estos cambios
ocurrieron en las áreas asociativas heteromodales
de la neocorteza agranular prefrontal, las áreas de
neocorteza temporal y parietal. Cambios similares
se detectaron en la fascia dentada del hipocampo
y disminución de la densidad neuronal de células
piramidales en el sector CA3, cambios que indican
que la plasticidad neuronal, si es efectiva, puede
permitir que otras funciones cognoscitivas no se
vean afectadas y que, por un tiempo no precisado,
el individuo no llegue al límite de pérdida neuronal
y disminución significativa de las conexiones
del neurópilo que conllevan a la demencia. Sin embargo,
dado que el proceso de pérdida neuronal
tiene tendencia a ser progresivo, es posible que
eventualmente y a pesar de la plasticidad neuronal
se instale el cuadro clásico de la demencia. Estos
cambios han sido confirmados en otros estudios.
Scheibel et al27 encontró disminución del árbol
dendrítico y del número de espinas dendríticas en
las células piramidales de la neocorteza temporal y
frontal y en el hipocampo. Buell y Coleman1 describieron,
en cambio, proliferación dendrítica en las
neuronas piramidales de la circunvolución parahipocámpica
, lo cual interpretaron como un intento
de compensar la disminución de la densidad neuronal,
ya que de ese modo el crecimiento dendrítico
provee espacio sinaptogénico a los axones que
antes se conectaban con las neuronas desaparecidas.
Como ya se dijo antes, la plasticidad sináptica
tiende a disminuir a medida que el individuo envejece
y, por lo tanto, constituye un fenómeno variable
que eventualmente puede desaparecer. Cotman
y Anderson7, en un estudio experimental en
roedores, encontraron que los axones aferentes al
hipocampo poseen notable capacidad de sinaptogénesis
reactiva, pero lenta e incompleta en los
animales de mayor edad, y no lograron demostrar
la funcionalidad de las nuevas sinapsis.
La densidad glial astrocitaria tiende a aumentar
tanto en número como en volumen, esto último
debido a hipertrofia, de tal modo que la relación
glía/neurona aumenta23; dado que los astrocitos
participan activamente en modular el microambiente
extraneuronal y en la recaptación de neurotransmisores
y metabolitos resultantes de la actividad
neuronal, no hay duda que la población glial
también contribuye a los cambios funcionales y
moleculares que ocurren en el envejecimiento normal.
Bajo circunstancias de normalidad, las neuronas
liberan un factor inhibidor de la proliferación
astrocitaria para el contrario las neuronas lesionadas
o en proceso de muerte neuronal (apoptosis)
liberan un factor mitógenico glial. Por lo tanto, el
índice glia/neurona tenderá a aumentar cuantitativamente
proporcional a la muerte neuronal durante
el envejecimiento normal o la senilidad patológica,
sobre todo en esta última en que la muerte
neuronal constituye un proceso crónico contínuo.
Con el pro g reso en el conocimiento sobre los
Revista Mexicana de Neurociencia 2001; 2(4) 199
n e u ro t r a n s m i s o res (NT) se enfocó el estudio del envejecimiento
cerebral, normal y patológico, a las
modificaciones del equilibrio bioquímico del cereb
ro, sobre todo en lo que se re f i e re a las funciones
de neurotransmisión. Las concentraciones en el tejido
nervioso de catecolaminas, acetil colina, GABA,
tienden a disminuir significativamente con la edad,
en mayor intensidad en la senilidad, demencias seniles;
los niveles disminuídos de NT se deben a alteraciones
en la síntesis o en el catabolismo, incluídos
cambios semejantes en la actividad de las enzimas
asociadas. Es común que en la senectud se altere el
equilibrio entre noradrenalina y serotonina que se
manifiesta clínicamente por trastornos del ciclo sueño
vigilia. Igualmente la disminución noradre n é rg ica
influye en los trastornos de memoria, capacidad
de aprendizaje y sueño paradójico. El incre m e n t o
en el índice glía/neurona que ocurre secundario a la
a p o p t o s i s2 3 también altera la expresión fenotípica
de los neuro t r a n s m i s o res, incluyendo los neuro p é ptidos.
Dado que estos últimos desempeñan un papel
trófico al disminuir la secreción peptidérgica neuronal
facilitará la muerte neuro n a l .
BASES MOLECULARES
Los estudios más recientes han permitido determinar
en forma más precisa las bases moleculares
del envejecimiento normal y patológico. H y d é n8,
uno de los pioneros en el estudio de las bases mol
e c u l a res relacionadas con el envejecimiento incluye
el análisis de los cambios estructurales y los mecanismos
de memoria. El postuló que la re t e n c i ó n
de la memoria a largo plazo se debe a un cambio
d u r a d e ro en la estructura del DNA nuclear; otro s
describen síntesis de proteína neuronal con el re g i st
ro de memoria y, en apoyo, se ha demostrado que
la inhibición de síntesis de proteína interf i e re con el
almacenamiento de memoria y el re c u e rdo. No debe
pasarse por alto el hecho que la disminución de
la memoria, en todas sus variedades, constituye el
primer signo de envejecimiento cere b r a l5 que eventualmente
puede pro g resar a la demencia senil, asi
como disminución de la memoria es el primer criterio
para el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer
(EA) de acuerdo con el DSM IV.
En muchos casos de demencia presenil - aproximadamente
en el 30 por ciento - no se observan
los “bucles “ neurofibrilares y las placas seniles que
caracterizan a la EA3, En cambio la patología en
los núcleos colinérgicos basales del prosencéfalo
correlaciona mejor con esos casos de demencia clínica.
Numerosos estudios han confirmado niveles
reducidos de la colina acetiltransferasa (CAT) en la
neocorteza y en el hipocampo; asimismo se sabe
que la CAT también disminuye con la edad. Los núcleos
colinérgicos en la banda diagonal de Broca y
en el área septal medial proyectan al hipocampo,
mientras que el más caudal, el núcleo basal de
Meynert proyecta a la neocorteza. Dado que la
memoria y algunas funciones cognoscitivas se asocian
a la inervación colinérgica cortical, la pérdida
neuronal en los núcleos colinérgicos resulta de la
mayor importancia tanto en el envejecimiento
normal como en la demencia de la EA ya que implica
el uso de farmacos agonistas colinérgicos para
mejorar la memoria20.
Se ha establecido que la degeneración del sistema
“ascendente“ de proyección colinérgica a
la corteza cerebral constituye una de las características
de la EA. Aunque no todos los cambios
n e u ropatológicos que ocurren en la EA se pueden
atribuir al déficit colinérgico es de interés señalar
que el núcleo basal de Meynert (grupo neuro n a l
c o l i n é rg i c o4) sufre atrofia y pérdida neuronal extensa
en la EA2 2 , 3 1. La vulnerabilidad neuronal a
las consecuencias patológicas de la EA , se halla
en parte determinada por su capacidad para iniciar
programas “regenerativos“ o “tróficos“, de
e x p resión genética, durante períodos de estrés
n e u ro n a l2 9. El núcleo colinérgico basal de Meyn
e rt da origen a un haz que responde al factor de
c recimiento nervioso (FCN) y que termina en la
n e o c o rteza y en el hipocampo. El FCN es el mejor
caracterizado de la familia de supergenes de fact
o res de crecimiento en el SNC1 9. Las neuronas col
i n é rgicas basales dependen del FCN, que se libera
en las áreas corticales con las que se hallan conectadas,
y poseen un sistema de re c e p t o res específicos
(rFCN-mRNA ). Estudios sobre este sistema
han demostrado que los niveles de rFCN-mRNA
en el núcleo basal de Meynert están significativamente
disminuídos en la EA, pero no en el envejecimiento
norm a l1 7.
Mecanismos excitotóxicos se hallan vinculados a
la apoptosis que se observa en el envejecimiento
normal y patológico, sobre todo si se asocia el estrés,
ya que éste aumenta la muerte neuronal en
las áreas ricas en neuronas glutamatérgicas (Nglu).
Por ejemplo, el núcleo supraquiasmático inervado
principalmente por Nglu de la retina sufre pérdida
neuronal grave tanto en el envejecimiento normal
como en la EA y lo mismo ocurre con las interneuronas
del hipocampo que reciben proyección glutamatérgica
desde la neocorteza.
Las hormonas se hallan también involucradas
en las manifestaciones clínicas de la senectud. Estudios
bioquímicos y neurofisiológicos sugieren que
el estrógeno32 puede afectar las funciones cognoscitivas
ya que modula los niveles colinérgicos y serotoninérgicos
en regiones específicas del cerebro;
además, contribuye al mantenimiento de los circuitos
neuronales, el neurópilo específicamente, fa-
200 Revista Mexicana de Neurociencia 2001; 2(4)
vorece el equilibrio de las lipoproteínas, y en cierto
modo previene la isquemia cerebral. Múltiples
áreas cerebrales poseen receptores al estrógeno,
sobre todo en el hipotálamo, tálamo e hipocampo32.
Experimentalmente en ratas ooforectomizadas
el estradiol induce aumento de la CAT y prolonga
la sobrevida de neuronas colinérgicas transplantadas
y aumenta la memoria en comparación
con ratas privadas de estrógeno; en pocas palabras
el estrógeno aumenta la actividad colinérgica cerebral.
Asimismo reduce la monoaminooxidasa del
suero y las plaquetas, liberando triptófano que ulteriormente
se convertirá en serotonina. El estrógeno
regula la plasticidad sináptica ya que estimula
el crecimiento dendrítico y de espinas sinápticas
tanto en el hipotálamo como en el sector CA1 del
hipocampo. Sobre el árbol vascular el estrógeno
produce vasodilatación y disminuye la agregación
plaquetaria. Protege contra el estrés oxidativo, las
excitoxinas y la proteína beta amiloide. ; en el período
post-menopáusico reduce la lipoproteína de
baja densidad y aumenta la de alta densidad de tal
modo que previene el desarrollo de la demencia
arteriosclerótica y facilita el mantenimiento de las
funciones cognoscitivas. Experimentalmente el gene
de la isoforma 4 de la apolipotroteína E, factor
de riesgo en la EA, es modulado por el estrógeno,
lo cual indica, teóricamente, que puede disminuir
el riesgo de desarrollar la EA. Los estudios recientes
en varios grupos de mujeres postmenopáusicas
indican que las funciones cognoscitivas mejoran en
las que toman estrógenos, sin embargo, se requie -
re confirmación más amplia de esos hallazgos y la
valoración adecuada de los riesgos que conlleva el
uso de estrógenos32.
Los niveles de glucorticoides que tienden a aumentar
durante el estrés a su vez aumentan la vulnerabilidad
de las neuronas hipocámpicas y potencian
el efecto deletéreo del glutamato y otros aminoácidos
excitatorios29. Además, aceleran la baja
de concentración del ATP lo cual conduce a sobrecarga
de Ca++ y sobreproducción de radicales libres
lo cual produce lesiones cerebrales graves. El
Ca++ estimula la fosfolipasa A que libera ácido
araquidónico y , por ende, generación de radicales
libres y activación de sintetasa de óxido nítrico30.
Tanto el ácido araquidónico como los radicales libres
aumentan la liberación de glutamato e inhiben
su recaptación por los transportadores neuronales
y gliales y de este modo se crea un círculo vicioso.
El Ca++ está indudablemente involucrado
en el envejecimiento neuronal; cambios en la regulación
del Ca++ intracelular constituyen una de las
causas de degeneración neuronal. La concentración
del Ca++ citosólico activa las peptidasas, como
la Calpaína I, que catalizan la conversión enzimática
de la xantina deshidrogenasa a xantina oxidasa
la que genera aniones superóxidos por el metabolismo
de las purinas. Finalmente, los radicales libres
y el Ca++ estimulan proteasas y nucleasas que
conducen a la degeneración celular..
La disminución del metabolismo de glucosa que
se observa en el envejecimiento se correlaciona
con alteración en la síntesis y liberación de acetilcolina,
cambios en la captación de glutamato, aumento
en radicales libres, alteración en la homeostasis
del Ca++ citosólico y sus niveles extracelulares,
y cambios en la estructura de la membrana
neuronal. El metabolismo de glucosa en el cerebro
es un proceso de extrema importancia que contribuye
a la síntesis de neurotransmisores y genera
ATP como la energía imprescindible para todo el
trabajo molecular en la neurona. La importancia
de estos cambios moleculares asociados al envejecimiento
cerebral normal deben tomarse en cuenta,
ya que el envejecimiento normal es el factor de
riesgo en los casos de demencia esporádica de aparición
tardía del tipo EA. También puede presentarse
defecto en el metabolismo mitocondrial que
puede potencialmente aumentar el ritmo de
muerte neuronal por efecto excitotóxico ya que
hace a las neuronas más vulnerables al glutamato
endógeno y al estrés oxidativo29.
COROLARIO
Indudablemente ningún ser humano estará
exento de sufrir los cambios estructurales, fisiológicos,
bioquímicos y moleculares que determ i n a n
las características somáticas y mentales de la vejez,
una vez que rebase la quinta década de la vida,
y, con cierta probabilidad, se verá afectado
con los síntomas del envejecimiento patológico.
Los conocimientos alcanzados por los investigad
o res de los mecanismos del envejecimiento permiten,
sin embargo, ofrecer algunas posibilidades
de re t a rdar la afección de las funciones cerebrales
motoras, sensoriales y cognoscitivas.
El “trote“ neuronal, o dicho en otras palabra,
la llamada re s e rva intelectual, se ha esgrimido
como un factor favorable al re t a rdo del envejecimiento
neuronal, al igual que otros factores que
reducen los riesgos de desarrollar demencia, p.ej.
dietéticos, hormonales, posiblemente genéticos.
Queda todavía un amplio y vasto campo desconocido
que debe someterse a la investigación
científica para desentrañar los conocimientos
que contribuyan a evitar el devastador cuadro de
las demencias, las que una vez establecidas no
tienen posibilidades de reversibilidad ni de cura.
Revista Mexicana de Neurociencia 2001; 2(4) 201

REFERENCIAS
1. Buell SJ, Coleman PD. Dendritic growth in the aged brain
and failure of growth in senile dementia. Science 1979; 206:
854 - 856
2. Busciglio J, et al. Stress, aging, and neurodegenerative disorders.
Ann NY Acad Sci 1998; 851: 429 - 443
3. Castillo L, Escobar A. Enfermedad de Alzheimer. Estado actual
y perspectivas. Salud Mental (México ). 1987; 7: 267 -
270
4. Cohen NA. On loneliness and the aging process. Int J Psycho-
Anal. 1982; 63: 149 -155
5. Cohen NJ, Eichenbaum H. Memory, Amnesia and the Hippocampal
System. MIT Press, Cambridge Mass, 1993
6. Corsellis JAN. Mental Illness and the Ageing Brain. Oxford
University Press, London 1962
7. Cotman CW, Anderson KJ. Synaptic plasticity and functional
stabilization in the hippocampal formation: possible role in
Alzheimer’s disease. Adv Neurol, 1988; 47: 313 - 335
8. Escobar A, et al. Consideraciones sobre el peso cerebral en
un grupo de población mexicana. Neurol Neurocir Psiquiat
(México ). 1963; 4: 101 -108
9. Escobar A. Trastornos neurológicos y psiquiátricos de la senilidad
en la población de México. Neurol Neurocir Psiquiat.
(México) 1966; 7: 211 -223
10. Escobar A. Aspectos biológicos de la senectud. En: S Frenk,
A Somolinos, S Ponce de León (Eds ). Actualidades Médicas
y Quirúrgicas. Academia Nacional de Medicina, México,
1973; pp. 279 -285
11. Escobar A. Cerebral changes associated with senility. I. The
role of transneuronal degeneration in the neocortex. Bol
Inst Estud Méd Biol., Méx. 1973; 28: 1 -8
12. Escobar A, Aruffo C. Transynaptic degeneration in the cerebral
cortex of the brain. En: R. Tissot (Ed ). Etats Déficitaires
Cérébraux Liés á L’Age. Librairie de L’Université. Géneve,
1980; pp. 159 -174
13. Escobar A. Aspectos biológicos de la senectud. Rev Fac Med
(México ). 1981; 24: 24 - 25
14. Gallagher M, Colombo P. Aging: the cholinergic hypothesis
of cognitive decline. Curr Opin Neurobiol, 1995; 5: 161 - 168
15. Gellerstedt N. Zur Kenntnis der Hirnveränderungen bei der
normalen Altersinvolution. Upsala Läk Fören Förh 1956; 38:
193 - 408
16. Gorp WG van, Mahler M. Subcortical features of normal
aging. En: JL Cummings (Ed. ) Subcortical Dementia. Oxford
University Press, New York, 1990; Chapt. 16, pp. 231 - 250
17. Higgins GA. Trophic regulation of basal forebrain gene expression
in aging and Alzheimer’s disease. Progr Brain Res.
1990; 86: 239 -255.
18. Hydén H. Aspectos bioquímicos y moleculares del aprendizaje
y la memoria. Neurol Neurocir Psiquiat (México) 1968;
9: 199 - 238
19. Levi-Montalcini R. The nerve growth factor 35 years later.
Science 1987; 237: 1154 - 1162
20. Ludwig FC. Senescence. Pathology facing medicine’s ultimate
issue. Arch Pathol Lab med. 1981; 105: 445 -451
21. Malamud N. Neuropathology of organic brain syndromes
associated with ageing. En: FM Geitz (Ed. ) Advances in Behavioural
Neurology. Vol. 3, Aging and the Brain. Plenum
Press, New York, 1972; pp. 63 - 87
22. McGeer PL. et al. Aging, Alzheimer’s disease, and the cholinergic
system of the basal forebrain. Neurology 1984; 34:
741 - 745
23. Moonen G., et al. Neurono/glial interactions and neural
plasticity. Prog Brain Res 1990; 86: 63 - 73
24. Mueller EA, et al. Brain volume preserved in healthy elderly
through the eleventh decade. Neurology 1998; 51: 1555 -
1562
25. Passe TJ et al. Age and sex effects on brain morphology.
Prog Neuro-Psychopharmacol & Biol Psychiat 1997; 21:
1231-1237
26. Rabbitt P. The aging of the brain. Nature 1982; 297: 21 -22
27. Scheibel AB. Structural aspects of the aging brain: spine system
and the dendritic arbor. In: R Katzman, RD Terry, KL
Bick (Eds. ). Aging. Vol 7, Alzheimer’s Disease, Senile Dementia
and Related Disorders. Raven Press, New York, 1978;
pp. 353 - 373
28. Seitelberger F. Allgemeine Neuropathologie der Alterns. -
Aufbrauchkrankheiten des Gehirns. Ve rhandlungen der
Deutschen Gesellschaft für Pathologie. G.Fischer Verlag,
Stuttgart 1968; 32 - 61 29.Toussaint O. Brain cell death in
stress and in aging: role of oxidative stress and energy metabolism.
Ann NY Acad Sci 1998; 851: 430 - 443
30. Verkhratsky A, Toescu EC. Calcium and neuronal ageing.
TINS 1998; 21:2 - 7
31. Whitehouse PJ, et al. Alzheimer’s disease and senile dementia:
loss of neurons in basal forebrain. Science 1982; 215:
1237 - 1239
32. Yaffe K, et al. Estrogen therapy in postmenopausal women.
Effects on cognitive function and dementia. JAMA 1998;
279: 688 - 695
33. Yakolev PI. Morphological criteria of growth and maturation
of the nervous system in man. Res Publ Assn nerv ment
Dis,1962; 39: 3 - 46
202 Revista Mexicana de Neurociencia 2001; 2(4)

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada